GSM
Exposición sobre GSM. EC-3423, USB.
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Exposición sobre GSM. EC-3423, USB.
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Exposición sobre modem V.32, EC-3423, USB.
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Archivos de simulación de una fuente continua de voltaje de 74V y 79A de salida, correspondientes al primer ejercicio de diseño de Electronica 4, Abr-Jul 2004.
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Sistema de Adquisición de Datos programado para la medición de los parámetros de Thiele Small en un altavoz. EC3882, USB
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Cuando me asomé a la ventana observé a una pequeña niña jugando con un peluche amarillo en forma de oso. Si no se equivocan mis oídos su nombre era “Wilde”, aunque mi sentido común se inclina mas hacia “Wilma”. Ella, descalza y sin franela (debe tener año y medio o dos, pero no más), jugaba con el peluche en medio de los carros y el barro causado por las lluvias sobre la calle de tierra. En silencio la observé, tratando de colocar el peluche sentado en una silla de las casas vecinas, y fracasando en el intento, ya que la posición de las piernas del peluche se encontraba en el punto medio entre estar sentado y estar de pie.
Wilma (me permitiré llamarla así) lo intentaba una y otra vez, pero siempre encontraba el mismo resultado: el oso se caía hacia atrás, ya fuera en la silla o en el suelo bajo sus pies. Me pareció curiosa la situación pero solo al punto normal de la pasión humana natural hacia los bebes, la cual ocasiona que cualquier cosa que hagan nos parezca graciosa.
Hace unos minutos (y hace unas diez horas de ocurrido lo anterior) volvió a suceder. Entre los bolsos se abrió paso y procedió a colocar al oso de peluche sobre la cava de hielo, para que una vez más se cayera hacia atrás. Wilma lo recogió, lo abrazó y siguió su camino a la puerta, donde se encontraba otra niña que presumo será su prima o algo similar.
Mas allá de ser simplemente un relato para arrancar un suspiro a las personas que lo escuchan o leen, similar a aquel causado cuando un bebé intenta conversar sin saber pronunciar las palabras al pie de la letra, existe algo más profundo que se puede extraer de él. Wilma, en medio de su situación (podríamos llamarla pobreza simplemente, aunque el apellido “extrema” no quedaría muy lejos), ignora todos los sacrificios que esta haciendo, no está al tanto de los problemas que tendrá cuando sea mayor, ni siquiera de los que ya tiene y que esta pasando en este momento, y mucho menos se debe preguntar que está pasando a su alrededor.
Para lograr su felicidad es suficiente conseguir que su oso de peluche amarillo (que lleva a todas partes y que debe ser uno de los únicos juguetes que tenga) tome asiento en algún lugar de su hogar. Simplemente eso. No importa que la casa no sea de la familia, o que las paredes se estén cayendo y el sistema de agua no funcione; para ella lo importante es que su oso esté cómodo en el asiento que ella le proporcione. Estoy plenamente seguro que si logra esto, lo menos que puede pasar es que se forme en su rostro una sonrisa de felicidad.
Tomen un niño de clase media alta, al que nunca le ha faltado nada y traten de encontrar algo similar a lo que ocurre con Wilma y su oso de Peluche. Difícilmente podrán.
He aquí la simplicidad de la humildad, combinada con la inocencia de una niña de dos años. Lo importante no es el dinero, ni los lujos, ni la estabilidad económica. Para Wilma lo que realmente importa es poder sentar su oso de peluche en el espacio que disponga para ello. Algo realmente indescriptible.
Chichiriviche, Viernes Santo 2004
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Que es lo que somos? Acaso piezas de ajedrez esperando ser colocadas, sin importancia de rango, raza o distinción?
Indudablemente no es lo mismo que un peón se coma a otro peón, a que se coma a la reina enemiga. Esta última tiene mayor relevancia durante el juego y puede ser decisiva durante él.
Sin embargo, aún cuando es diferente la matanza cuando se cambia a la víctima, el victimario no toma mayor importancia salvo en el caso en que sea necesario sacrificarlo. Si este no es el caso, ciertamente es lo mismo que sea un alfil o un caballero aquel que perpetre el acto. Lo importante es el acto en si, más que el instrumento que se utilice para ello.
La necesidad del acto conlleva a los jugadores a mover sus piezas para acomodar la estrategia y enviar al victimario al campo de batalla, aún en casos en que sea inevitable sacrificarlo. Esta situación no es propia del ajedrez, sino más bien se repite en la mayoría de los juegos de estrategia, incluso en el más real de estos.
Muchas veces no es relevante el “quién” siempre y cuando el “qué” se cumpla a cabalidad. La decadencia de la sociedad humana ha dado pie a que esta situación sea común, aún cuando anteriormente no era así, y el “quién” era fundamental en el “qué”.
Aunque no lo parezca y la costumbre nos haya hecho olvidar la importancia del “quién”, este es de vital importancia para el desarrollo de las relaciones humanas. Un descuido de este pequeño detalle puede traer desagradables consecuencias al ciudadano. Simplemente es cuestión de tiempo para que el globo explote y ponga la tensión del lado equivocado.
Cayo Muerto, Jueves Santo 2004
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